En 2025, su valor total se estima en alrededor de 294 mil millones de dólares, con previsiones de crecimiento que alcanzarán más de 1.700 billones de dólares para 2032. La tasa de crecimiento anual promedio es de alrededor del 29 por ciento, una señal de un sector que se acelera rápidamente y que cuenta con el respaldo de una demanda intersectorial que abarca la industria, los servicios, las finanzas, la atención médica y la administración pública.
Según estimaciones de Gartner, el gasto mundial en inteligencia artificial (IA), incluyendo infraestructura, software y servicios, alcanzará aproximadamente 1.500 billones de dólares en 2025. Estados Unidos mantiene su liderazgo en inversión privada, con más de 100 millones de dólares en 2024, seguido a cierta distancia por China y el Reino Unido. La adopción de la IA por parte de las empresas continúa creciendo: casi nueve de cada diez compañías informan que utilizan sistemas de IA en al menos una función operativa. El principal impulsor es la IA generativa, es decir, modelos capaces de crear texto, imágenes, vídeos y código. La inversión en este segmento superará los 30 millones de dólares en 2024, un aumento de más del 18 % interanual. Las empresas con mejor desempeño no solo experimentan, sino que rediseñan sus procesos e invierten en infraestructura digital, datos, capacitación y gobernanza. Desde la perspectiva del inversor, el interés se centra en las empresas que proporcionan componentes clave como hardware, computación en la nube, plataformas de datos y modelos de lenguaje. Los gigantes tecnológicos estadounidenses siguen dominando el mercado, pero también existe un creciente interés en empresas europeas y asiáticas que operan en sectores específicos, como la robótica industrial, la salud digital y la ciberseguridad. Los instrumentos temáticos, como los fondos especializados y los ETF, permiten una participación diversificada, reduciendo el riesgo de concentración en acciones individuales. Sin embargo, existen desafíos. El coste de la infraestructura informática sigue siendo elevado y la demanda de capacidad informática crece más rápido que la inversión disponible. El riesgo de valoraciones excesivas, especialmente entre las empresas más populares, es real, al igual que la incertidumbre regulatoria relacionada con la privacidad, la seguridad de los datos y la ética algorítmica. La concentración del poder tecnológico en unas pocas empresas dominantes también plantea interrogantes sobre la competencia y la distribución de los beneficios económicos.
A medio plazo, la inteligencia artificial sigue siendo un pilar estratégico para la productividad y la innovación. Las empresas que integren eficazmente estas tecnologías podrán lograr importantes ventajas competitivas, mientras que para los inversores, el sector representa una oportunidad a largo plazo que requiere una inversión selectiva, un profundo conocimiento de los fundamentos y una atención especial a los riesgos sistémicos.